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Like a sunless sky » Kagari Shuusei.

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Like a sunless sky » Kagari Shuusei.

Mensaje por Invitado el Dom Abr 07, 2013 3:59 am

I can't see the light
Neither the stars
and a dark sea
sinking me.
there's nothing there
just pieces of gray.

Si alguien le preguntase en alguna oportunidad cualquiera la apreciación momentánea que en esos instantes tenía, con seguridad no habría tenido nada realmente interesante que decir. ¿Tediosa? Quizás, un poco. ¿Atareada? No precisamente, o al menos, no en esa semana, la cual podía bien tildar de improductiva. ¿Monótona? Sí… Probablemente sería el adjetivo que más se le asemejaba y acercaba. Y es que en los últimos días todo se había vuelto tan rutinario en la Oficina que no había nada realmente importante que destacar. Tal vez, y casi de manera forzosa, podía decir que lo poco y nada que salvaba la uniformidad que se difundía en el ambiente eran las una que otra pláticas que fluían como si nada luego de analizar y debatir algún caso en cuestión –Y a las cuales no se integraba más allá de los estrictamente necesario, porque si ello no collevaba a las actitudes casi paternales y leccionistas de Masaoka al intentar lidiar con las discrepancias que se armaban por la insatisfacción de Ginoza ante el desempeño de la inspectora, era Kagari haciendo bromas sin chiste alguno y tratando de ligar con esta misma, la cual no parecía realmente enterarse de dichas pretensiones–. ¿Y ella? En su puesto habitual, haciendo afán de su labor casi informática al cual le habían comisionado, o, y si es que tenía la fortuna de gozar algo de tiempo libre, leyendo un libro o una revista de interés absolutamente concentrada y absorta, sin reparar demasiado en los demás más allá de algún vistazo rápido o un afilón de oído ante algún comentario que incluía o interpelaba a su persona.

No es que tuviese algún tipo de aversión al socializar con sus contrapartes o le desagradasen los comentarios que iban fluyendo de a poco entre estos casi de manera espontánea y poco convencional, sino más bien era el hecho de que no contaba precisamente con las habilidades para desdeñar con tanta facilidad como Shuusei o aleccionar amenamente como lo hacía Masaoka. Por el contrario, esa característica reservada suya le impedía hablar más allá de lo que significasen sus obligaciones y, muy de vez en cuando, alguna duda respecto al funcionamiento de la central que se le fuese a encomendar –O dar el aire de moralidad cuando comenzaban a surgir los ambientes imprudentes–. La elocuencia claramente no era una característica que pegase con ella y, de cualquier forma, tampoco es que fuese solamente ella la que actuaba un poco más apática a la interacción: Kougami no siempre demostraba tener los ánimos o el humor suficientes para adaptarse al resto y muchas veces indagaba en sus propias reflexiones, participando una que otra vez en las conversaciones que se formaban sin que se volviese algo constante. Ginoza eventualmente era algo parecido, aunque con más restricciones de por medio al no pasar gran parte del tiempo que invertían ellos en el interior de aquella delegación ya fuese por reuniones o reportes que requerían de su presencia inmediata. Era solo así.

De todos modos, no estaba obligada a formar lazos profundos con alguno de ellos. Lo que menos deseaba en esas instancias era involucrarse demasiado. Hacerlo significaría repetir una y otra vez los mismos tropiezos e inestabilidades del pasado.

Suspiró con pesadez y, luego de dejar la bandeja de su comida en la primera mesa vacía que divisó, corrió la silla y arregló un poco la cola de caballo que caía por su espalda y peligraba con desarmarse si es que no la ajustaba para luego tomar asiento. En completo silencio como le era habitual, cogió los palillos dispuesta a servirse los fideos que flotaban en el bol blanquecino de losa, acompañados de una que otra verdura amarillenta y deforme las cuales giraban casi como en medio de un vals alrededor de todo aquel espeso potaje cafeíno y humeante. Merendó serena y solitaria, cuidando de no sorber de manera ruidosa o grosera por formalidad y educación y empezando a masticar con cierto cuidado antes de tragar.

De reojo dio un vistazo por algunos sectores del comedor, pese a no presenciar ningún escenario francamente novedoso u original. Habían bastantes agentes reunidos en algunos mesones cercanos que comían juntos y se amontonaban por los alrededores, mas creyó –Y siempre creía- una pérdida de tiempo inútil levantarse y compartir con alguno de ellos. Si apenas y mantenía alguna tertulia con uno de sus compañeros de división en ocasiones que podía contar casi con los dedos de las manos, menor aún sería la probabilidad de que lo hiciese con alguien absolutamente externo a esta –Exceptuando a Shion, pero ese era tema aparte–.

Día aburrido, almuerzo aburrido, horas largas y extensas que parecían nunca terminar, no eran instancias que ya no hubiese vivido, o, más bien, que ya estaba acostumbrada a vivir. De todos modos no era como si tuviese quejas respecto a ello. Adaptarse a esa invariabilidad interminable podía considerarse ya casi un hábito para ella, y de hecho prefería que por el momento se mantuviese tal y como en esos instantes se encontraba.

Después de todo, ese era su mundo ahora.

Sin luz, sin brillo, gris.

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