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Because sometimes I feel alone [Libre]

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Because sometimes I feel alone [Libre]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 03, 2013 7:20 am

Un molesto ruido no cesaba de sonar entre las cuatro paredes de mi habitación. Gruñí e hice un último intento de caer nuevamente con morfeo, aunque los indicios siguientes daban a entender que sería lo contrario. El despertador no parecía dar tregua así que, exhalando resignada, di un golpe que paró sobre dicho objeto, haciéndolo impactar contra el suelo. Odiaba, realmente, odiaba que un aparato estúpido perturbara mi sueño. ¿Quién se creía en maldito diseñador de aquel artefacto, para interrumpir a una persona que dormía apacible y cálidamente?

La atmósfera cobró ese silencio tan digno de mi habitación y salté de la cama, posando mis descalzos pies sobre el frío suelo, lo que me provocó un pequeño escalofrío que intente apaciguar encogiéndome. Di un bostezo brutal, estirando mis brazos y arqueando la espalda, me sentía renovada cuando hacía aquello. Alboroté mi cabello entre los dedos, y algo sedada por el sueño, caminé vacilante hasta el cuarto de baño que tenía el departamento de mi hermano. Una vez en dicho lugar, procedí a frotar mi rostro con agua fría, eso me daría un molesto pero fresco despertar.

Alcé mi cabeza, después de a verla arqueado anteriormente hacia el lavabo, y me miré al espejo. Sonreí. Tranquila y serena, siendo espectadora de como diminutas gotas de agua se deslizaban por mi flequillo desordenado. Tallé mis ojos y di un pequeño bostezo, retorcí mi cuello suavemente, lado a lado. Ah, dolía. Maldita sea... seguro que volví a dormirme en mala posición.

Salí del baño y me propuse vestirme, un vestuario simple y concreto. Luego, caminé fuera de mi habitación nuevamente, trazando camino a la cocina, que no era muy amplia. Ahí, supe que Yasha no estaba en casa y estaba completamente sola. Suspiré, y saqué de una armario una pequeña bolsa de pan de molde, me di cuenta que apenas quedaban dos trozos. Tendría que salir a comprar uno de estos días. Me dirigí al refrigerador, el cual abrí y quedé impactada al solo encontrarme una botella vacía de coca-cola, junto algunos cartones de huevos vacíos. Definitivamente, saldría hoy. Guardé el pan de molde que quedaba en su respectivo lugar, si no tenía mantequilla o mermelada, no era capaz de tragarme dicho alimento. Busqué, mi siempre solución; malvaviscos. ¡Fuerte fue mi sorpresa que no había una mísera bolsa en casa! vale, suficiente, tenía que salir inmediatamente. Me coloqué mis zapatos y ordené mi cabello, con unas orquillas o ganchos blancos, coloqué mi flequillo a un lado. Hice, con algún spray, que mi cabello quedara algo revuelto, dándole un aspecto rebelde. Decidí no ponerme ningún lazo ese día, puesto que solo quería y necesitaba salir a comprar, sería algo rápido. Salí del departamento no antes sin coger llaves y dinero.

Cuando salí del edificio, al principio podía contemplar el cielo nublado, tapando el sol quien no parecía retractarse de seguir iluminando ciertas zonas de la ciudad, pese a que estuviera cubierto. Se veía mal... ¿llovería? eso era lo más probable. Se me olvidó coger un paraguas por si las moscas, pero tenía una extraña pereza para volver a por él. Caminé tranquilamente por la calle, siendo espectadora de las demás personas que caminaban menos o más alegre que yo. Algún que otro crío se paraba frente a un escaparate, observando con emoción en aquellos grandes ojos, algún juguete o pastel. Aunque la madre siempre se lo terminaba llevando a rastras a pesar de las quejas del niño. Reí suavemente y detuve mis pasos frente a lo que parecía ser un centro comercial. Una vez allí, entré apresurando un poco el paso cuando sentí algunas pequeñas gotas que caían desde el apagado techo sobre mi mano.

Una vez dentro, pude ser testigo de las voces y conversaciones que había allí dentro, eso y de la abundante que rebosa el enorme lugar. Había todo tipo de tiendas y corredores espaciosos, muchas luces y carteles y una gran fuente en el centro, donde había un numero considerable de gente al rededor o cerca. Me sentía fuera de lugar, una extraña sensación denominada soledad, me rodeaba. Era simple... no tenía mucha gente conocida, y el simple hecho de estar sola en cualquier lugar, me ponía nerviosa. Quizá por algún peligro que puede ser incluso inexistente, pero, al fin y al cabo, no me consolaba, para nada. La compañía para mí era bendita, estar sola era un pequeña tortura psicológica más. Suspiré, alejando aquellos malos pensamientos. Mi objetivo principal era topar algún supermercado y a simple vista mi búsqueda carecía de éxito. Pero no pude evitar prestar mi atención en un escaparate que mostraba gatitos, conejos, y cachorritos. Sonreí tiernamente, y mi mirada se suavizó. Fui hasta ellos, colocando cada mano a un lado sobre el cristal y analizar cada animal. ¡Eran tan lindos! los quería para mí, ¡quería al menos uno para mí! estaba ya empezando a pensar un nombre para un gatito blanco, con un inusual color de ojos. A su lado, había otro pequeño gatito gris rayado y ¡aw! simplemente no podía contenerme. ¡Al diablo la comida, tenía frente a mí las cosas más adorables de éste planeta! golpeé ligeramente el cristal con mi índice, recibiendo un maullido del gatito gris. Amplié mi sonrisa y dejé escapar una risa, eran adorables. Bueno, era como una especia de hobby mío pararme a mirar animales pequeños, les tenía mucha adoración y era una más unida al grupo contra el maltrato animal.

Entonces, decidí irme de una vez. Me estaba torturando internamente, la verdad. No tenía el dinero suficiente para tener y críar un pequeño gatito de aquellos... lástima. Y, al darme la vuelta, impacté contra otro cuerpo.—¡A-ah! p-perdone... estaba distraído, lo siento mucho...—exclamé, algo atontada por el golpe mientras frotaba mi frente.

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Re: Because sometimes I feel alone [Libre]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 03, 2013 2:50 pm

Redoble de tambores, y ahora, la pregunta del millón: ¿por qué? ¿por qué demonios estaba dentro de una tienda de animales? ¿por qué estaba delante de unos pequeños cachorros de gatos que la miraran como si esperaran algo de ella? Como si ella fuera a salvarlos, como si fuera a sacarlos de ese podre agujero donde los ponían para ser vendidos. Vomitivo, asqueroso. Quería matarlos, lo deseaba. Ahí, ahí, al otro lado del cristal se les veía tan vulnerables. Le encantaba, quería acuchillarlos hasta que se les saliera el estómago. Los imaginaba allí muertos en el medio de la tienda y se le ponía la piel de gallina, hacía que le recorrieran escalofríos. Pero no podía, claro, claro, claro. No podía matar a esos pobres cachorros y eso le daba pena. ¿Por qué? No lo sabía, pero en cierta manera sentía que eso estaría fuera de lugar. Sentía que todo el mundo se volvería hacia ella asombrado, asustado, como si fuera ella la que estuviera haciendo algo malo. Como si fuera ella ser cruel. Al menos ella quería librarlos de su sufrimiento, ¿o era eso una mentira y solamente quería matar por matar? Lo cierto era que disfrutaba con eso, lo cierto era que disfrutaba imaginando miembros arrancados, sangre en las paredes, vísceras por el suelo. Pasión, desenfreno. ¿Qué había de malo en la violencia? ¿Por qué debía ser la violencia mala? Si tan solo pudiera romper el cristal de un puñetazo, agarrar por el cuello a esos gatos y estrujarlos hasta que se les salieran los ojos. Si tan solo pudiera borrarle esa sonrisa de retrasada a la dependencia todo sería menos malo. Si sólo pudiera romperle las piernas al estúpido niño que tiraba de la falda de su madre gritando que quería todos los peces. Si pudiera destrozar la cara de esa madre que negaba con amor. Los odiaba, los odiaba a todos.

Quería simplemente matarlos.

Arrancarles las extremidades poco a poco. Que gritaran, que suplicaran, poco importaba porque no se detendría. Pero no nos desviemos, volvamos, recapitulemos. ¿Qué hacía ahí? ¿De dónde venía y hacia dónde iba? No lo recordaba, o al menos no estaba muy segura. Sólo sabía que Momoka no estaba a su lado. Que anoche habían estado juntas. Que ahora tenía que ir en su búsqueda. ¿Era temprano? ¿Era tarde? ¿Acaso importaba? Ni siquiera sabía si era de mañana o de tarde. No recordaba tampoco cómo había llegado ahí. Sólo se dejara llevar, siguiendo el frágil hilo de sus pensamientos. Solamente había seguido unos pasos invisibles que llevaban a todas y a ninguna parte. Creía haberse levantado temprano, haber desayunado, haberse duchado, haberse vestido. ¿O eso lo había hecho ayer? ¿Se había acostado esa noche? ¿Se había cambiado de ropa? Todavía llevaba el uniforme de su caro colegio. Con esa falta tableada tan corta y esas medias tan largas. ¿Si alguien se agachaba a su lado le vería las bragas? ¿Habría alguien capaz de hacer una cosa tan osada? Con esa camisa tan blanca y esa corbata a juego con la falda. Con la chaqueta de lana, media abrochada, y la gabardina marrón sin abrochar. Seguramente terminara lloviendo y mojaría sus perfectos zapatos de piel. Sus caros zapatos de piel de colegiala. Probablemente también su pelo perfecto se viera alterado. Y eso la molestaba, la enfadaba, la enervaba. Quería que su pelo estuviera liso e impoluto, que cayera plácidamente por encima de sus hombros hasta más allá de la cintura. Cuando estaba así se semejaba al de Momoka y hacía que sintiera que estaban cerca. Hacía que sintiera que estaban. Una frase complicada.

Bastaba, era suficiente.

Tenía que salir de allí o terminaría matando a alguien. Esos estúpidos gatos seguían mirándola, con esos ojos tan brillantes y esa piel tan suave. Olfateaban el aire, o al menos eso parecía. La repugnaban tanto que estaba empezando a sentir dolor de barriga. Tenía que escapar, irse, salir corriendo. Perros, peces, tortugas, pájaros. ¿Por qué necesitaba el ser humano de ese tipo de compañía? Quizás pudiera poner una bomba en la tienda y borrarla del mapa, así terminaría antes. Aunque no era su estilo, no, ella prefería mutilar, seguir, acechar. Prefería estar en la escena, en el medio del teatro y no en una esquina, no detrás de de las cortinas. A ella le gustaba hacerlo por si misma, sentir la sangre en las manos, que le salpicara la cara. Oír los gritos con sus propios oídos y sentir el miedo en su propia carne. Eso era lo que le gustaba de la caza. Eso era lo que le gustaba de la violencia. Sentir el puñetazo y darlo. ¿Qué estaría haciendo Momoka? ¿Estaría pensando en ella? Kunisada Mei chasqueo la lengua y desvió la vista del cristal. Me pregunto cuánto tiempo había estado parada frente al cristal, en el interior de la tienda, totalmente absorta sin pensar en nada en concreto. Sus pensamientos subían, bajaban y se deslizaban. Se moldeaban y saltaban como saltan los grillos entre la hierba. ¿Y ahora habría empezado a llover? Quizás debería comer algo antes de volver a casa. Porque tendría que volver. Aunque caminar le daba pereza. Volvió la mirada a los gatos, tendría que dejarse de preguntar por qué había acabado en el interior de una tienda para mascotas, ¿quizás quería comprar un regalo para su hermanastra? ¿quizás había pensado en animales?

Estaba bien, bastaba, simplemente se iría.

Así sin más, se daría la vuelta y saldría de la tienda. No estrujaría a los gatos, no rompería nada. Cerró los ojos un momento, suspirí y se dio la vuelta airosa. Apretó los puños, alzó el mentón y empezó a caminar hacia la salida. Con la mirada en el interior, con la mente en blanco. Un golpe. Un choque. ¿Con qué bicho había tropezado? O mejor dicho, ¿qué estúpido animal sin sentido se había chocado con ella? ¿quién había tenido tan poco cuidado de darle un golpe? Se llevó la mano al hombro afectado y meneó la cabeza separando el pelo de su cara sin hablar. Miró, con los ojos más fríos que los icebergs. Era una niña. Una incauta niña. ¿Qué pasaría si la agarraba a ella por el cuello como había querido hacer con los gatos? ¿Qué pasaba si la alzaba con fuerza para cortarle la respiración? Si le arrancaba los ojos para pisarlos, si le cortaba los muslos para que sangraran o si le arrancaba la tráquea con las uñas. Quizás debería arrancarle el pelo a mechones. Oh, ¿perdón? ¿distraída? ¿Acaso eso era una excusa? ¿Creía aquella imbécil que eso le importaba? Levantó con furia la cabeza aún sosteniendo su hombro. ¿Le había dolido o solamente le había molestado que se le chocaran? Quería arrancarle las uñas con unas tenazas y destrozar ese rostro de buena que tenía. ¿Acaso quieres morir? Deseó preguntarle- No pasa nada. -tan frío era su tono que más que decir que no importaba parecía que la estaba decapitando- Sólo ten más cuidado la próxima vez si no quieres que te rompa un brazo. -intentó sonreír. Costaba tanto. Sus comisuras temblaron y se resistieron a ser curvadas hacia arriba. Ni siquiera sabía si lo había conseguido satisfactoria mente- No debes ir empujando a la gente por ahí. -murmuró entre dientes. Sólo deseaba matarla, matarla, matarla y ver de qué color tenía la sangre.

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Re: Because sometimes I feel alone [Libre]

Mensaje por Invitado el Jue Abr 04, 2013 12:36 am

off-rol:
Siento que me haya salido tan corta ésta parte, pero no tenía inspiración x3

Cuando pasó el choque, intente establecerme bien y ordenar mis pensamientos. Luego, subí la mirada, encontrándome con unos orbes azules y tan fríos como un iceberg mismo. Retrocedí unos pasos, la frase que dijo a continuación no fue de mucho agrado para mis oídos. ¿Qué estaría pensando? su tono era frío igual que su forma de mirar, me incomodaba de alguna forma. Había pasado de estar dulce con aquellos animales a estar algo asustada. ¿Quizá estaría haciendo una mala idea de aquella chica? meneé la cabeza varias veces para despejar aquellos pensamientos.

Pude notar su sonrisa forzada, parecía no estar contenta con el golpe, bueno, era verdad que no era mi intención chocar con ella, nadie tenía esa intención, yo también me había echo daño, pero no comprendía porque me miraba de aquella forma, podía sentir que miraba a través de mi alma. Apreté los dientes, deslizándolos e incluso como otros dicen, malgastando la dentadura por tal fuerza que utilizaba. No sabía que decir, no me esperaba toparme con una persona así. ¿Podría estar pensando en matarme o algún acto sangriento donde me incluía a mí? Bajo mi punto de vista, esa mirada la encontraba algo psicópata pero... ¿quién era yo para hablar de una psicópata? ¿cuántas veces había jurado hacerme un collar con los dientes de alguien, hacerle tragar sus ojos, y pintar las paredes de rojo sangre? Todos teníamos impulsos dentro, y algunos podían llegar a ser malignos, tanto, que te transformaban en alguien sádico. Parpadeé varias veces y sonreí, algo temblorosa intentando que aquella sonrisa no se desmoronara.

Con aquella temblorosa sonrisa en mis labios, la miré fijamente. No, no era una mala persona, no era una psicópata. Podía tener cualquier pensamiento desconocido para mí en ese momento, pero no era una mala persona. Podía jurar matar, hacer daño o desear males a las personas, pero yo sabía que algo ahí dentro se movía. Y yo no tenía derecho a juzgarla sin apenas conocerla. Aunque a decir verdad, aquella pequeña advertencia me alarmó un poco. Tendí mi mano, la verdad era que esperaba algún golpe, un rechazo o un mirada más fuerte, pero era algo que me daba igual, sinceramente, poco a poco cobraba el conocimiento suficiente para que mi ego se inflara en mi interior. No debía temerla, por que yo no temía la muerte.

Lo sé—reí un poco, aunque hubiese posibilidades de que malinterpretara aquella risa. Pero me arriesgaría, aquella persona tenía misterio grabado en el alma, y a mí, me gustaba el misterio. ¿Por qué no intentar descubrirlo?—Me llamo Charlotte, Charlotte Rowland—tendí mi mano, y esperaba que no me la aceptase, pero, la dejé ahí. Sentí un pequeño regocijo de culpabilidad en mi interior, así que como disculpa decidí invitarla a algo.—¿Cómo te llamas tú? ¿te gustaría venir a tomar algo conmigo? solamente como disculpa.—intenté suavizar mi tono, pero no muy alegre.

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Re: Because sometimes I feel alone [Libre]

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